TRANSPORTE INTERHOSPITALARIO PEDIÁTRICO Y NEONATAL EN UN HOSPITAL SECUNDARIO

AUTORA: E.U Maribel Garrido Acuña


CITA: Rubio M, Arriola G, Blázquez B, Pangua M, Ortigado A. Transporte interhospitalario pediátrico y neonatal en un hospital secundario. Acta Pediatr Esp. 2015; 73(11): 297-304 DOI: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Original_Transporte_interhospitalario%20(1).pdf


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RESUMEN

Introducción:Las unidades de cuidados intensivos pediátricos son áreas donde se concentran personal y equipo especializado en el manejo de niños críticos. Éstos, a menudo, deben ser trasladados hacia estas zonas en busca de procedimientos diagnósticos o terapéuticos. Tales desplazamientos pueden añadir un riesgo adicional a estos pacientes. El objetivo es dar a conocer las características del transporte interhospitalario pediátrico y neonatal en nuestra provincia.

Material y métodos:Estudio observacional retrospectivo de los pacientes que precisaron traslado interhospitalario desde el 1 de enero de 2006 hasta el 30 de junio de 2012. Analizamos las siguientes variables: sexo, edad, fecha y hora, etnia, diagnóstico clínico, centro receptor y características del médico que realizó el traslado.

Resultados:Se realizaron 245 traslados de carácter urgente, el 35,5% en periodo neonatal y el 64,5% pediátrico. En el transporte pediátrico, las principales causas de traslado fueron el traumatismo con o sin afectación encefálica (22,2%), la patología neurológica no traumática (16,5%) y la patología respiratoria (15,8%). En el transporte neonatal, las causas más importantes fueron la patología respiratoria grave que requiere ventilación asistida (25,3%) y la prematuridad (23%). Se presentaron efectos adversos en el 0,8% de los traslados.

Conclusiones:Aunque la mayoría del personal médico que realizó el traslado no posee formación específica, el número de complicaciones fue significativamente pequeño. El transporte de los niños gravemente enfermos a un centro pediátrico de atención terciaria puede llevarse a cabo de forma más segura con un equipo especializado en cuidados críticos pediátricos que con equipos que no están capacitados específicamente en transporte pediátrico.

Evidencia actual sobre el problema del estudio

Muchas veces la enfermedad critica en la edad pediátrica se puede dar lejos de una UCI y se debe proporcionar estabilidad clínica en el hospital más cercano al suceso, independiente de las condiciones para atender este tipo de situaciones. En ocasiones, la necesidad clínica excede la capacidad del centro para prestar atención especializada, donde es necesario realizar un traslado interhospitalario para aumentar la probabilidad de buen pronóstico. El éxito del traslado no depende solo de su rapidez sino también de un dispositivo organizado, con material adecuado y un equipo humano entrenado y especializado en atención pediátrica. Los autores realizaron una revisión retrospectiva de todos los traslados interhospitalarios urgentes pediátricos y neonatales (245)  realizados en el hospital Universitario de Guadalajara en el periodo comprendido entre enero del 2006 y julio del 2012. El equipo constaba de un médico pediatra, un diplomado en enfermería y un técnico conductor. La totalidad de traslados se realizó en ambulancias de soporte vital avanzado con disponibilidad de helicóptero medicalizado que no fue necesario utilizar. Dentro de los 3 diagnósticos principales de traslado se incluyeron los traumatismos severos, los trastornos neurológicos no traumáticos  y los trastornos respiratorios. El servicio de origen del paciente era el de urgencias pediátrica y en menor porcentaje en unidad de hospitalización.  Cerca de un 20% de los transportes se realizaron en pacientes con tubo endotraqueal, ventilación asistida, sedación, analgesia o parálisis, siempre con monitorización cardiorrespiratoria. En algunos casos se precisó el respirador de la ambulancia,  modelo Oxilog 3000. El traslado lo realizaron médicos pediatras especialistas en cuidados intensivos pediátricos en un 15,8%, mientras que en el resto de los casos lo realizaron pediatras con otras subespecialidades. Hubo 2 casos de episodios adversos severos: una complicación ligada al equipo de transporte y una parada respiratoria, atribuida a una mala estabilización previa al traslado, ambas resueltas. No  hubo complicaciones asociadas al tubo endotraqueal. El transporte neonatal se realizó mediante una incubadora de transporte (terrestre y aéreo) con respirador neonatal incorporado modelo Babylog 2000. La prematuridad fue el motivo principal de traslado en el periodo neonatal inmediato; el 90% se trasladó con ventilación mecánica convencional y antibioterapia.  Dicho traslado se realizó con monitorización cardiorrespiratoria en todos los casos;  intubación endotraqueal y ventilación mecánica en un 40,3% de las ocasiones (todos con seedoanalgesia). No se registró ningún traslado con modalidades de ventilación no invasivas La distancia media del traslado fue de 64,1 kms.

Principales problemas relacionados con el estudio

Cabe destacar que el presente estudio presenta algunas limitaciones ligadas a su diseño retrospectivo. No se han registrado, por ejemplo, los tiempos medios de transporte, la valoración de la gravedad de los pacientes, según algunas de las escalas habitualmente usadas (TISS o similar), o la presencia de incidencias menores en el traslado.

Análisis final y conclusiones

En el transporte del paciente pediátrico/neonatal existen múltiples factores que conllevan variaciones importantes en los distintos centros asistenciales y lugares geográficos. Los vehículos medicalizados terrestres o aéreos deber ser correctamente designados y ajustados a la realidad local, ya sea por distancia, condiciones climáticas y riesgo vital del paciente, permitiendo así mantener su estabilidad clínica  y lograr el objetivo de llegar en forma oportuna al centro especializado de derivación. Es importante implementar  protocolos o programas específicos de transporte elaborados con criterios unificados, y dentro de estos, contar con personal especializado y  formación especifica en este tipo de pacientes que maneje y minimice el riesgo de eventos adversos. Así, el transporte pediátrico/neonatal debería considerarse el elemento que asegura una continuidad asistencial entre el hospital emisor y el receptor.

Puede descargar el artículo  original completo en: RUBIO

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